• JORGE Plaza Bárcena

El valle de Caderechas: territorio y poblaciones


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Las Caderechas es un territorio singular, inserto en un extremo de la comarca burgalesa de la Bureba. Se distingue por su frondoso paisaje, así como por una economía basada principalmente en el cultivo de frutales. Conformado por una quincena de pequeñas localidades, cuenta con una historia y tradiciones milenarias.

INDICE

1. Entorno natural 2. Patrimonio milenario 3. Poblamiento y demografía 4. Economía de la zona

El territorio de Las Caderechas se localiza al Norte de la provincia de Burgos (Castilla y León, España); en el extremo noroccidental de la comarca de La Bureba, de la cual se distingue por su relieve abrupto y por una economía basada principalmente en el cultivo de frutales.

Separado por importantes barreras físicas, queda configurado el medio geográfico de Las Caderechas como un espacio resultado de la suma de distintos valles, caracterizado por un frondoso y llamativo paisaje donde el bosque natural y el monte de repoblación se muestran omnipresentes.

Mapa de Las Caderechas y sus localidades

(Fuente: Asociación de productores y comerciantes).


Se trata éste de un espacio con personalidad propia e identidad colectiva, situado en el límite de tres grandes unidades geomorfológicas: el Páramo de Masa, el Valle del Ebro y la fértil llanura de La Bureba; de manera que el territorio de Las Caderechas se extiende por una superficie de 100 km².


1. Entorno natural

Las especies vegetales dominantes en este territorio son (principalmente) el pino resinero, el roble y la encina. Comparten éstas su protagonismo con la explotación de frutales y con pequeños huertos de tipo familiar, situados en las fértiles vegas formadas por acción de sus ríos y abundantes arroyos.

El territorio de Las Caderechas se encuentra en su mayor parte incluido dentro de la red europea de espacios ‘Natura 2000, debido al destacado valor del medio natural que atesora. En él se dan un gran número de aves y rapaces, como: buitre leonado, águila real, halcón peregrino y mochuelo; así como otras tantas especies de fauna terrestres, tales como: corzo, jabalí, zorro, ardilla, etc.

La repoblación con ‘pino resinero’ (Pinus pinaster) llevada a cabo durante el siglo XX ha marcado irremediable y definitivamente la fisonomía de su paisaje, convirtiéndose en la especie arbórea dominante en todo el territorio.

Monte de Utilidad Pública (Quintanaopio, Burgos).


Colindante con Las Caderechas se encuentra el Parque Natural Montes Obarenes-San Zadornil, con el cual este territorio comparte muchos elementos en común; al tratarse de un mismo paisaje geológico y natural, interrumpido por la acción del río Oca, que corta (u horada) la línea de cumbres que discurren en dirección Sureste-Noroeste.


2. Patrimonio milenario

Aunque con probable ocupación desde época protohistórica, el poblamiento en Las Caderechas se ha mantenido ininterrumpido (al menos) desde hace más de 1.000 años. Durante el transcurso de estos siglos, las localidades y parajes del valle de Caderechas han acumulado un amplio y rico patrimonio artístico, arquitectónico, cultural y etnográfico.

Frente a las versiones tradicionales, el origen del nombre “Caderechas” comparte etimología con la del primitivo condado castellano; tomando la misma raíz de los términos latinos “castellum” y “castrum”, bien a través del árabe o directamente del romance.

Son muchas las demostraciones de arte de distintos estilos, mueble e inmueble, repartidas entre sus numerosas iglesias y ermitas. Abarcan desde el sobrio románico de la zona , pasando por el gótico y el renacimiento, hasta llegar a las abundantes muestras de barroco y neoclásico existentes.

Cuantiosos son también los testimonios de arquitectura militar y obras de ingeniería civil extendidos por este pequeño territorio, pudiendo encontrarnos aquí con torreones y calzadas medievales, casas blasonadas, puentes históricos, canales con distintos usos e, incluso, acueductos de gran belleza.

Conjunto de templo y campanario adosado (Rucandio, Burgos).


La ermita y paraje de ‘San Vitores recibe, el 26 de agosto, el homenaje anual de los vecinos y visitantes de los pueblos de Las Caderechas y de la villa de Oña; en una pintoresca romería de gran tradición cuyo origen se pierde en el tiempo.

No debemos de olvidar las muestras de arquitectura popular y de patrimonio pre-industrial, compuesto (entre otros) de molinos harineros, hornos de cocción, potros para el ganado, lavaderos vecinales, explotaciones de minas, lagares y bodegas donde se elaboraba y conservaba el tradicional “chacolí”.

Hay que referirse también a diversos conjuntos urbanos singulares, eremitorios rupestres y necrópolis medievales que aún se conservan en este territorio.


3. Poblamiento y demografía

Se trata de una comarca geográfica de inconfundibles y acentuados rasgos rurales que acoge pequeñas localidades escasamente habitadas durante la mayor parte del año, con un tipo de poblamiento en cascos urbanos de morfología definida y bastante compacta.

Llaman la atención (del visitante) la singular nomenclatura de los pueblos y de algunos de sus parajes; encontrando aquí poblaciones que reciben los peculiares nombres de… Quintanaopio, Ojeda, Cantabrana, Rucandio, Bentretea, Terminón, Hozabejas, etc.

Panorámica de la localidad de Cantabrana (Burgos).


territorio histórico

Todos los pueblos de la antigua ‘Cuadrilla de Caderechas’ (incluida dentro de la ‘Merindad de Bureba’) tuvieron la consideración de “villas”. Además de gran parte de los actuales, ésta cuadrilla abarcaba también a las poblaciones cercanas de Pino de Bureba y Cornudilla.

La denominadaCuadrilla de Caderechasfue una subdivisión administrativa que tuvo vigencia en el Norte de la provincia de Burgos hasta principios del XIX. Estaba compuesta por un total de 14 villas, un coto redondo y un despoblado.

Aunque geográficamente ubicadas en el mismo valle, las localidades de Huéspeda, Herrera y Madrid dependieron históricamente de la ‘Merindad de Valdivielso, teniendo en ella únicamente la consideración de “lugares”. La anomalía se subsanó a mediados del XIX y pasaron a vincularse definitivamente con los demás poblaciones del valle.

Esta distinción administrativa entre núcleos cercanos, pudo tener que ver con orígenes o modelos de re-poblamiento diferenciados. Hay constancia de la existencia de un buen número de despoblados medievales, como: Biciana, Castil Viejo, Gallillo, Grañoncillo, Pineda, Pinilla, Quintana, Salizanes, San Zornil, Sorroyo, Valdecasas, Valdefrailes, Villaescusa y Villanubla.

Panorámica de la localidad de Aguas Cándidas (Burgos).


territorio actual

Hoy en día, la población censada en las 15 localidades que de manera “convencional” conforman este territorio, no supera los 500 habitantes (215 hombres y 169 mujeres), según datos del INE del año 2016; viéndose varias veces multiplicado en determinados períodos, muy especial y significativamente durante el estío.

La dotación de ciertos servicios básicos, como la recogida de basuras y reciclaje, se realiza de manera conjunta a través de la agrupación de 12 municipios y sus respectivas entidades menores en la “Mancomunidad Oña-Bureba-Caderechas”.

Los pequeños núcleos de población del valle, la mayoría por debajo de los 50 habitantes, se organizan en corporaciones municipales y se distribuyen todos ellos entre los ayuntamientos de: Aguas Cándidas, Rucandio, Cantabrana, Oña, Padrones y Salas de Bureba.


4. Economía de la zona

El modelo económico de la zona se ha basado tradicionalmente en la combinación de diferentes recursos, destacando especialmente la explotación agrícola de frutales, viñedo, productos de huerta y también cereal; así como el aprovechamiento de los montes y (en algún tiempo) de la cabaña ganadera, principalmente caprina y bobina.

Aunque minoritaria, algunos pueblos tuvieron también tradición industrial, hoy completamente perdida. Madrid de las Caderechas se especializó en la confección de trillos que vendían en mercados de la provincia. Mientras, la localidad de Cantabrana contó con casi medio centenar de telares donde se tejían colchas de lana, paños y mantelería.


silvicultura

Los bosques de la zona surten de abundantes frutos y plantas silvestres, mientras que sus montes favorecen los aprovechamientos de leña y madera. En el pasado reciente, la explotación de estos montes fue muy intensa, extrayéndose de ellos la resina del pino (Pinus pinaster) y motivando la repoblación programada de grandes extensiones con esta especie exógena.

Panorámica de los barrios de Río y Quintanilla (Río-Quintanilla, Burgos).


Sin embargo, esta práctica extractiva está hoy completamente abandonada y es la actividad cinegética la que ha adquirido una mayor importancia, aportando valioso ingresos a los exiguos presupuestos locales. Su gestión se realiza mediante la subasta pública de cotos a promotores privados para su explotación.

Ésta fue (en otro tiempo) tierra de ‘arrieros’, con particular incidencia en ciertas localidades del valle. Por ejemplo, en Cantabrana esta actividad llegó a ocupar a un 50% de los hogares. Se especializaban en el transporte entre la costa y el interior, proveyéndose de pescado y hierro, a cambio de vino y cereal.


agricultura

Tanto entonces como ahora, la principal fuente de riqueza la sigue constituyendo la actividad agrícola, especialmente el cultivo de distintos frutales. De ello existe una larguísima tradición en la zona, con menciones documentadas ya desde principios del siglo XI.

A mediados del siglo XIX, el Diccionario de Madoz señalaba varias poblaciones del valle como productoras del tradicional ‘chacolí’ de la tierra, como: Terminón, Salas de Bureba, Cantabrana, Bentretea, Padrones de Bureba, Herrera de Valdivielso, Castellanos, Hozabejas…

Entre los variados productos frutícolas que hoy se dan, los más destacados son los cultivos de la cereza y manzana, con sus particulares características que los hacen tan apreciados. Sin embargo, aquí también se dan otros muchos frutos como: pera, ciruela, melocotón, membrillo, etc.

Recogida de la manzana y la cereza en el valle de Caderechas (Burgos).


Con el fin de difundir el valor sobresaliente de estos productos, durante los últimos años, se vienen realizando dos ‘ferias’ anuales, una en el mes de julio y otra a lo largo de octubre. La primera tiene como protagonista a la cereza de la zona con sus diversas variedades, mientras que el evento otoñal se reserva en exclusiva a la manzana reineta de la tierra.

Por iniciativa de la ‘Asociación de Productores y Comerciantes’ la cereza y la manzana reineta de Las Caderechas disponen de sendas Marcas de Garantía, desde el año 2004, reconocidas por la 'Junta de Castilla y León'.


Las ferias anuales, junto con la esperada floración primaveral de los frutales, suponen los grandes acontecimientos del año en el valle de Caderechas. Durante su celebración se genera una gran expectación entre sus habitantes y (cada vez mayor) interés en quienes lo visitan.

Texto y fotografías:

Jorge Plaza Bárcena

Fuentes:

Población del Padrón Continuo por Unidad Poblacional, INE (web).

“Catastro del Marqués de la Ensenada (1750–1754)”, de Somodevilla y Bengoechea, Zenón (consulta: Portal de Archivos Españoles — MCyD).

“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar (1845–1850)”, Madoz, Pascual (consulta: Biblioteca Digital de Castilla y León).

“Pueblos y Alfoces burgaleses de la repoblación”, Gonzalo Martínez Díez. Junta de Castilla y León — 1987.


Otras fuentes y agradecimientos:

Al buen saber de las gentes, ¡gracias!